El trabajar glorifica a Dios

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Por Alejandro Olivas

Hace unos días terminé un proyecto editorial en el que expliqué detalladamente sobre el trabajo en equipo, de unir fuerzas, haciendo un alto énfasis en el trabajo participativo, explicaba que en cada dependencia o empresa se presenta un campo fértil en el cual podemos lograr nuestro desarrollo personal y profesional, pero todo dependerá de nuestro entusiasmo y posibilidades para apoyarnos en ellos y provocar ese detonante que nos impulse y nos lleve al éxito.

Sin embargo, la vida real es muy diferente a lo que los libros y manuales organizacionales indican, y eso es porque desafortunadamente a muchas personas no les gusta que se les diga lo que tienen que hacer, les gusta hacer lo que les pega en gana, prefieren hacer el menor esfuerzo posible, para muchos individuos el venir a trabajar es como “un día de cafecito con los amigos”.

Génesis 3:19
Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

Desde el inicio de la creación, Dios nos diseñó para trabajar, nos dio las fuerzas necesarias para lograrlo, nos dio un cerebro para utilizarlo y nos dio talentos para usarlos… todo eso glorifica a Dios, todo lo que hagas bien hecho glorifica a Dios, porque así fue como fuiste concebido, con ese diseño perfecto.

Sin embargo, me siento en verdad triste de que como seres humanos queremos hacer las cosas a nuestra conveniencia, buscando sacar ventaja de las situaciones y circunstancias, nos volvemos ventajosos, nos volvemos tramposos. Eso se llama robar, porque se nos paga no solo por cumplir un horario, sino que se nos paga para cumplir con nuestras funciones y objetivos al pie de la letra.

El no cumplir integralmente con tu trabajo, es como no respetar las señales de tránsito, es igual a no pagar tus impuestos, es como hacer el esfuerzo por pagar la educación de tus hijos y que ellos simplemente no asistan a clases.
 
De no valorar nuestro trabajo, nos traerá desastrosas complicaciones y frustraciones tanto en nuestra vida profesional como en lo personal, es por eso que, reflexionemos qué es lo que sucede a nuestro alrededor y pidámosle a Dios por medio del Espíritu Santo que nos revele cómo ser verdaderos hombres y mujeres íntegros, porque al final del camino, lo único que podemos heredar a nuestros hijos será el ejemplo.

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