El invierno espiritual

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Por Alejandro Olivas

Sin duda, uno se puede mudar a cualquier lugar con el fin de no pasar por un cruel invierno. Pero no hay lugar al cual podamos acudir para evitar el invierno espiritual; y es que lo más doloroso de este tipo de invierno es el sentir que Dios se ha desvanecido.

C.S. Lewis escribió, luego de la muerte de su esposa, lo siguiente: “¿Dónde está Dios?… Cuando necesites ayuda con desesperación, cuando todas las otras ayudas son en vano, acude a Él. Entonces, ¿qué podrás descubrir? Podrás escuchar cerrarse la puerta en tu nariz”.

Isaías 54:3
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Lo más doloroso de este invierno es el sentir la desaparición de Dios. Pero cuando Dios mismo vino al mundo, El vino en invierno. Jesús conocía nuestras enfermedades. Estaba acostumbrado a la tristeza, y para acercarse a nosotros padeció el invierno de la ausencia de Dios en la cruz.

Y es que podemos encontrar en la cruz el mejor argumento de todos los tiempos; no hubo momento en que vimos la gloria de Dios en forma más clara que cuando Jesús fue desamparado por Dios. Ten en cuenta que El, antes que ser un Dios que es bendecido por el pueblo que no fue bendecido, desea ser un Dios que padece junto al pueblo en sufrimiento.

Si estás pasando por tiempos de invierno y desconoces dónde se encuentra Dios, ya no divagues más sin rumbo. Dios es un Dios que permanece aun encima de las cenizas, En cierto sentido, Jesús se encontraba más cerca de nosotros cuando se encontraba lejos del Padre. Probablemente su mayor sufrimiento fue su gloria.

Un comentario sobre “El invierno espiritual

    Cynthia escribió:
    22 noviembre, 2010 en 14:31

    Lo más triste es que muchas personas se niegan a ver esta verdad, que Jesus está tan cerca de nosotros y que realmente quiere quedarse con nosotros, pero seguiremos orando y perseverando en avivamiento para aquellos que no creen crean, Jesús dijo: Por sus frutos le conocereís.

    Demos los frutos que Dios quiere que demos, no seguir al Hombre sino a Dios y confiar plenamente en él en todo tiempo y en todo lugar.

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