Una preciosa realidad

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Por Alejandro Olivas

¡Cuántas substituciones hemos encontrado para la nueva creación! La hemos llamado “perdón de pecados”, “conversión”, “tener religión”, “unirse a una iglesia” y muchas otras cosas.

Pero es solo una cosa: Una nueva creación, un hijo de Dios, un participante de la naturaleza divina. Todas estas representan el hecho único de que tú has pasado de muerte a vida, de la naturaleza satánica a la Vida, al Reino de Dios. Esto no es un simple perdón de los pecados, sino la impartición de una Nueva Naturaleza. El viejo yo, el viejo hombre, fue crucificado con Cristo.

Un nuevo hombre resucitó y cuando tú aceptaste a Jesucristo como Salvador y lo confesaste como Señor. Dios te impartió su propia naturaleza, la Vida Eterna y te convertiste en “una nueva especie” en un hombre nuevo sobre el cuál Satanás no tiene dominio.

¡Qué poco hemos apreciado esto! Este es uno de los dones más grandes que se le ha dado a la Iglesia. Antes de que Jesús partiera, El otorgó a la iglesia el derecho legal de emplear Su Nombre.

Juan 15:16
… para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

Juan 16:23-24
En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

El nos otorga aquí una carta poder notarial para representarle, para ir al Padre y presentar nuestras peticiones. Cuando oras en ese Nombre, es como si Jesús hubiera orado. Recordarás que Jesús dijo ante la tumba de Lázaro: “Te doy gracias Padre, porque siempre me oyes” En eso estriba nuestra seguridad.

El nos otorga el uso del Nombre.

Juan 14:13-14
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Esto no es oración. Esto se describe en el libro de Los Hechos 3:6, donde Pedro y Juan sanan a un Hombre junto a la puerta “La Hermosa” con solo decir: “en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”.

Es así como Pablo usó el Nombre en Hechos 16:18, cuando habló al demonio en la muchacha y dijo: “En el nombre de Jesús, sal de ella”.

O también cuando los apóstoles usaron el Nombre el día de Pentecostés, cuando bautizaron a la gente en el Nombre de Jesús.

Cuando oramos decimos: “Padre Nuestro, en el Nombre de Jesús”, este es nuestro acceso, esto nos asegura que seremos escuchados.

Por lo que, cuando te sientas solo, cuando sientas que nadie te escucha, cuando sientas que no hay salida a tu problema o a las circunstancias, recuerda que El Nombre de Jesucristo es la puerta directa para que nuestro Padre Celestial escuche tu clamor.

Dios nos dio ese privilegio para que lo usemos y no hay nada más grande que pueda glorificarle que buscarle en oración.

Un comentario sobre “Una preciosa realidad

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