Tomando riesgos

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Por Alberto González

Mateo 25:14-30
Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Pastor Alberto GonzálezHay una leyenda de un joven, que llegó ante Sócrates el gran sabio y le dijo: Quiero saber todo lo que tú sabes. El sabio le contestó: si tal es tu deseo, entonces sígueme al río. Lleno de curiosidad, siguió a Sócrates hasta el río. Al sentarse junto a la orilla, el maestro dijo: Observa bien el río, y dime lo que ves. No veo nada, le dijo el joven. Acércate mas, replico Sócrates, cuando el joven se acerco cada vez mas al agua, Sócrates tomó su cabeza y lo sumergió. El muchacho sacudió los brazos intentando escapar, pero la fuerza de Sócrates lo mantuvo sumergido. Casi cuando el joven estaba a punto de ahogarse, Sócrates lo sacó del río y lo puso en la orilla tosiendo, el joven jadeo, ¿estas loco anciano? ¿Qué intentabas hacer? ¿Matarme? Sócrates le pregunto: Cuándo estabas sumergido, ¿que es lo que mas querías saber? -Quería respirar, ¡Quería aire!- le respondió el joven. -Nunca cometas el error de pensar que la sabiduría llega tan fácilmente, joven amigo –dijo Sócrates- cuando quieras aprender tanto como querías aire entonces vuelve a mi.

Así como este joven que deseaba la sabiduría de este hombre sabio sin tener realmente idea de cómo se obtiene sabiduría.

Anhelamos cosas para el Reino de Dios y para la vida terrenal pero sin entender que para obtenerlos existe una línea, donde implica tomar riesgos, salir de nuestra comodidad, o cambiar incluso nuestra vida para obtener lo que deseamos.

Dios nos llama a fructificar, en Génesis 1:28 dijo Dios al hombre y a la mujer: Sean fructíferos, multiplíquense; llenen la tierra y sométanla, nos habla de bendición. Esta bendición se perdió con la entrada del pecado a la humanidad, pero Jesucristo en la cruz del calvario, venció la muerte, enfermedad, pobreza y nos encomendó su reino, nos encomendó sus dones, nos confío sus bienes materiales, y nos dio un lapso de tiempo para desarrollar todo esto.

En la parábola que leímos dice que el Señor de estos siervos les dio talentos. El talento era una medida de peso en plata, oro, etc. un talento equivalía a 20 años de salario. a los tres siervos les dio conforme a su capacidad, a uno cinco, a otro dos y a otro un talento. Nuestras capaceadas, dones naturales y dones espirituales le pertenecen a Dios y el nos los confía. Cuando Dios los entregar lo hace esperando que los vamos a usar, trabajar y multiplicar, y algún día el regresara y nos pedirá cuentas de esto que nos confió para desarrollarlo aquí en la tierra.

Dos de estos siervos negociaron inmediatamente, el que recibió los cinco talentos fue inmediato y los trabajo de modo que ganó otros cinco. y el que recibió dos hizo lo mismo, lo trabajaron y ganaron al cien por ciento, cada uno conforme a lo que recibió gano al cien por ciento. Las capacidades fueron diferentes pero la actitud fue la misma de arriesgarse, de negociar y de aumentar. Dios no nos pide los mismos resultados pero si nos pide la misma actitud de ser responsables y diligentes. El que recibió un talento tenia una gran fortuna también en sus manos, solo que hizo algo muy común en sus tiempos; lo enterró. Cuantos cristianos fríos y apagados ya tienen enterrado los tesoros que Dios les dio para producir, la nueva generación de cristianos esta tomando todo lo que Dios le ofrece y poniendo a trabajar sus talentos y a negociar con lo que Dios les ha dado.

Cuando el Señor de estos siervos regresó de su viaje, y les pidió a cada uno de ellos cuenta de lo que les confío, los dos primeros le entregaron de regreso al doble, pero el últimos trajo exactamente lo mismo, su talento lleno de tierra y oxidado por haber estado enterrado. Los siervos diligentes recibieron de su Señor felicitación por su fidelidad y su eficacia, y su corazón bueno, y les dio mas responsabilidad de la que tenían antes, los subió a una mejor posición y los hizo entrar en el gozo del Señor.

Cuando ves el resultado de tu trabajo y de tus dones al servicio de Dios, te llenas de alegría, porque tu esfuerzo esta dando resultados. Sin embargo el mal siervo como lo llama la Biblia, vemos que no conocía a su amo, ya que le llama hombre duro, y lo acusó de injusto y corrupto, y que tuvo miedo, por tal razón le dijo que había escondido el talento. Nuestro Dios es bueno, es Justo, y es Amor, el nos dice que no tengamos miedo, porque su amor echa fuera el temor, no debemos de desconfiar de Dios, un hombre temeroso desconfía de Dios, de los hombres y de todos.

Hay dos niveles de riesgo, uno, los que le creen a Dios, y dos, los que no se quieren arriesgan pero hacen algo. Pero lo peor de todo es no hacer nada.

Existe la ley de la atrofia, lo que no se usa se atrofia, se echa a perder. El siervo fue acusado por su Señor de malo, negligente, inútil y su destino fue la oscuridad. Le quitó el talento a este siervo inútil y se lo dio al que tenia diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitara hasta lo que tiene.

¡Trabajemos en los talentos que Dios nos ha confiado, para que cuando venga le entreguemos al doble!

(Prédica dada por el pastor Alberto González el día 25 de Octubre de 2009)

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